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El
Subcomisario de la Policía Federal
Argentina Alejandro Agis desanda el convulsionado
mundo de la delincuencia informática.
Visión de un especialista que combate
a diario un flagelo que golpea la Seguridad
de la Información y las personas.
¿Qué
visión tienen las Fuerzas de la
Ley en relación a la Seguridad
y a los delitos informáticos?
A partir de la firma del Tratado de Ciberdelitos
de Budapest en 2001, el panorama mundial
nos permite encasillar a las infracciones
en tres grandes categorías: la
primera se relaciona con el fraude informático,
o sea, la utilización de los sistemas
para un beneficio monetario; la segunda
consiste en el tráfico, tenencia,
distribución o producción
de pornografía infantil; finalmente,
un tercer grupo incluye las intrusiones
y accesos ilegítimos, sumado esto
a la destrucción o sustracción
de información (vale mencionar
que el mero escaneo de puertos de una
PC tiene una pena unificada en toda la
Unión Europea de un año
de cárcel). En la Argentina todas
las fuerzas de seguridad Nacionales y
Provinciales ya cuentan con profesionales
dedicados y especializados en esta clase
de ilícitos. La problemática
mundial así lo exige, pues su internacionalidad
lo convierte en una enfermedad sin fronteras.
¿Cuáles son los
casos más habituales de delitos
informáticos que investigan?
Nítidamente se percibe
a nivel local una preponderancia del fraude,
en sus manifestaciones más diversas,
situación que responde a la posibilidad
de acceso a tecnologías antes no
disponibles por parte de los delincuentes
(banda ancha conexión 24x7x365,
WiFi). Este hecho permite que viejas modalidades
se reciclen tecnológicamente y,
hasta no tomarse las respectivas contramedidas,
se ve un pico en las técnicas de
fraude, desde el e-commerce hasta al robo
de identidades o el secuestro de información.
¿Con qué limitaciones
se topan durante una investigación?
Aquí es necesario recurrir
a una frase de un investigador policial
de antaño, que sentenció
sobre la investigación criminal
que “el tiempo que pasa es la verdad
que huye”, axioma que pesa sobre
la naturaleza de estos delitos. La ausencia
de logs, la reutilización de los
medios de backup, la negativa a resguardar
los registros de conexión de sus
usuarios por parte de los ISP`s y los
conflictos interjurisdiccionales hacen
que las investigaciones requieran de un
altísimo grado de dificultad técnica
y deban ser conducidas por personal capacitado
en varios frentes.
Cuéntenos algún
caso
Me llena de orgullo haber integrado
el equipo que resolvió el primer
caso en Latinoamérica de un cibersecuestro.
El secuestrador a diario se comunicaba
con los familiares de la víctima
mediante correo electrónico, desde
distintos locutorios en Capital Federal.
Con implementaciones tecnológicas
combinadas con la metodología convencional
de una investigación criminal,
dimos con el malviviente, que fue detenido
y condenado, mientras que la víctima
fue liberada sin daños.
¿Cuál es su opinión
sobre el vacío legal que existe
hoy en Argentina, en referencia a la seguridad
de la información?
Si bien la Legislación
argentina adolece de una ley como la estadounidense
o un referente como el Protocolo de Budapest,
los actores que integramos el sistema
de persecución penal realizamos
ingentes esfuerzos para salvar las carencias
existentes. Asimismo, el hecho de que
la mayoría de los delitos en tecnología
(no tipificados) se vean acompañados
por figuras sí penadas facilitan
nuestro trabajo. Dicho “vacío”
existe en figuras que rara vez se dan
como únicas en un delito.
¿Qué tiene que hacer
una empresa o persona víctima de
una conducta de este estilo?
Todos los integrantes del Sistema
sabemos que la inacción ante conductas
delictivas no hace más que fomentarlas.
A nivel de la conducción de una
empresa se debe desarrollar un plan de
contingencia y mantener una marcada proactividad:
la planificación permite minimizar
los daños. Por otra parte, es necesario
radicar la denuncia sin resquemores sobre
la confidencialidad de la información
que se entregue, ya que hay una reserva
natural y obligatoria sobre la investigación.
Lo bueno, lo malo y lo feo de
la Seguridad de la Información
en tres palabras
Lo Bueno: El desafío y
la ausencia de fronteras en la tecnología
de seguridad. Lo que viene: el Rfid, biometría
Wimax.
Lo Malo: La falta de difusión de
una conciencia colectiva sobre los delitos
informáticos.
Lo Feo: Los mitos urbanos y el hoax.
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