Tal vez suene a ficción, parezca algo lejano o fantasioso; muy probablemente muchos recién se interioricen de lo que significa “acosar usando Internet”. Lo cierto es que los delitos del mundo real se replican geométricamente en el universo virtual de formas tan diversas y novedosas que obligan a repensar la manera de advertir, reprimir y castigar fuertemente ciertos comportamientos de las personas, más aún cuando se trata de conductas perversas, totalmente condenables. En el caso del grooming queda al descubierto un terrible y deleznable mecanismo de corrupción de menores.

Esta es una de esas notas que uno nunca quisiera escribir. Pero en mi doble condición de padre de familia e informático, cada día estoy más convencido de que capacitar, difundir y prevenir constituyen la primera línea de batalla en una lucha desigual, siendo las más efectivas armas. Independientemente de los medios utilizados, cualquier tipo de acoso de un ser humano hacia otro es infame, pero cuando del lado acosado hay niños o adolescentes, el hostigamiento se transforma en algo lisa y llanamente execrable. Hoy los términos grooming y cybergrooming se usan como sinónimos, aunque hacen alusión al establecimiento de supuestos lazos de amistad entre un mayor y un menor, seguidos de acoso directo (en persona) o virtual, respectivamente. Los llamados bullying y cyberbullying configuran acoso en sí mismo, con la particularidad de darse muchas veces entre pares, siendo una práctica soez que merece un futuro artículo completo.

Tomada del idioma inglés, la expresión child grooming hace referencia a una práctica mediante la cual un individuo mayor, que generalmente se hace pasar por un teenager (joven de entre 13 y 19 años), establece un contacto con un menor de edad a través de herramientas de chat, videoconferencia, Messenger, msn, etc. Las personas mal intencionadas que se ocultan tras este tipo de actividad responden casi siempre a estereotipos; van desde individuos que sólo desean “sexo virtual” a aquellos que, previo secuestro de cuentas de correo electrónico de las víctimas o bien conociendo datos personales, inducen a los menores a seguir instrucciones o mostrarse desnudos frente a una cámara, grabando las sesiones, logrando así elementos para extorsionar a los incautos que caen en sus redes. En algunos casos el chantaje sigue hasta concretar encuentros personales, bajo amenaza de publicar el material audiovisual y difundirlo en Internet.

Ante este panorama, se cae de madura la pregunta: ¿qué factores contribuyen a la existencia de este tipo de abusos? Varias son las razones, y la simple suma de ellas no siempre permite entender o explicar el problema en forma integral:
Brecha tecnológica entre generaciones. El abanico de servicios, soluciones y medios de comunicación usados actualmente por los jóvenes son desconocidos por muchos mayores.

Facilidad de acceso a las nuevas tecnologías. Hoy es relativamente sencillo para cualquiera obtener una PC, Notebook, teléfono celular, conexión a Internet, webcam, etc., sumado a una cantidad impresionante de accesorios y gadgets de todo tipo.

Cambios sociales. Nunca antes como ahora se pudo tener acceso a espacios donde compartir experiencias temáticas grupales. Un ejemplo de ellos son las llamadas “tribus urbanas” que aglutinan jóvenes con apariencias y gustos afines: “emos”, “floggers”, “rappers”, “cumbios”, etc. Otro patrón son las redes sociales virtuales, que conectan a personas con intereses comunes. Sin entrar en un análisis pormenorizado ni querer juzgar unas u otras, lo cierto es que muchos chicos vierten demasiados datos personales (fotos) en foros, blogs, fotologs y demás comunidades, lo cual es un verdadero tesoro para potenciales pederastas, abusadores o personajes con intenciones non sanctas.

Relación distante entre padres e hijos. En la mayoría de los casos de grooming, el adolescente acude a los progenitores en una etapa avanzada del asunto o cuando se da cuenta de que la situación se sale de control. Nada ni nadie pueden reemplazar a la confianza y el sentido común en el trato parental hacia los púberes.

Antes que algún lector me tilde de apocalíptico, intentaré acercar algunas pautas que ayudan a minimizar los riesgos asociados a esta problemática.

En el blog “La mirada de Jokin” http://argijokin.blogcindario.com/ se propone un decálogo para prevenir el grooming, el cual puede sintetizarse como sigue (adaptado a la realidad de Argentina):
1. Involúcrese y aprenda a manejar las nuevas tecnologías. Le ayudará a saber qué hace su hijo cuando está conectado y las posibles amenazas a las que se enfrenta.

2. Enseñe a identificar e ignorar el spam; a no abrir archivos que procedan de personas desconocidas o no sean de su confianza. Existen programas informáticos y técnicas de ingeniería social que ayudan a descifrar y robar contraseñas de acceso al correo electrónico.

3. Ubique la PC de la casa en una habitación de uso común, donde pueda tenerlo controlado. Evite, en lo posible, colocarla en el dormitorio de sus chicos.

4. No instale una cámara web en la PC. Si lo hace, procure restringir su uso mediante una clave de seguridad que sólo usted conozca.

5. Hable con su hijo sobre qué hace cuando navega por Internet: qué páginas visita, con quién habla y sobre qué temas.

6. Insista, aún a riesgo de quedar como el más molesto de los padres, en que NO debe revelar datos personales a gente que haya conocido a través de chats, Messenger, MySpace, etc. Pregúntele periódicamente por los contactos que va agregando a su cuenta de Messenger u otro tipo de mensajería instantánea. ¿Quiénes son? ¿Dónde los ha conocido?

7. Explíquele que NUNCA debe mandar fotos ni videos suyos ni de sus amigos a desconocidos.
8. Háblele de los peligros de Internet. Que sea un mundo virtual no quiere decir que no pueda acabar afectándole. Con apagar la PC a veces no es suficiente.

9. Si nota que su hijo se comporta de forma e xtraña, lo nota ausente, preocupado o pasa muchas horas conectado a la red, existe un libro que puede ayudarlo. El título es: Técnicas de hacker para padres. Cómo controlar lo que hace tu hijo por el ordenador, ISBN 9872311346 de Mar Monsoriu Flor (sí, es el nombre de alguien). Si bien está pensado para la sociedad española, es muy completo. En nuestro país se consigue a un costo aproximado de $ 32.-

10. Si cree que su hijo está siendo víctima de grooming, puede contactarse con las oficinas de la División DELITOS EN TECNOLOGÍAS Y ANALISIS CRIMINAL (Cavia 3350, Piso 1º, Capital Federal, tel. 011 4370 5899, email: analisis_criminal@policiafederal.gov.ar ), o bien la División DELITOS CONTRA MENORES (Venezuela 1931, Piso 3º, Capital Federal, tel. 011 4941 3731, email: pfmenores@infovia.com.ar ). Piense que una persona que se dedica activamente a esto puede estar acosando también a otros menores. Es posible encontrar mayores detalles en: http://www.lafederalonline.gov.ar/csocial.htm#con11 .

Debe señalarse como un avance importante en Argentina la sanción en junio de 2008 de la ley 26388, conocida como de Delitos Informáticos, modificatoria del Código Penal. En lo referente al nuevo Artículo 128, el mismo establece: Será reprimido con prisión de seis (6) meses a cuatro (4) años el que produjere, financiare, ofreciere, comerciare, publicare, facilitare, divulgare o distribuyere, por cualquier medio, toda representación de un menor de dieciocho (18) años dedicado a actividades sexuales explícitas o toda representación de sus partes genitales con fines predominantemente sexuales, al igual que el que organizare espectáculos en vivo de representaciones sexuales explícitas en que participaren dichos menores. Será reprimido con prisión de cuatro (4) meses a dos (2) años el que tuviere en su poder representaciones de las descriptas en el párrafo anterior con fines inequívocos de distribución o comercialización. Será reprimido con prisión de un (1) mes a tres (3) años el que facilitare el acceso a espectáculos pornográficos o suministrare material pornográfico a menores de catorce (14) años.

Ante el aumento de prácticas como la descripta, es deseable ver de parte de las autoridades un mayor interés, acompañado de campañas educativas y publicitarias para prevenir la ocurrencia de las mismas, poniendo en evidencia a los inescrupulosos. Actuar sobre los hechos consumados ayuda a detener delincuentes sexuales y, en el mejor de los casos, aplicar el rigor de la ley. Pero nada devuelve a un menor y su familia la tranquilidad tras una experiencia de este tipo.

Walter Heffel
Oficial de Seguridad Informática
ENERSA



 


 
 

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