Año 4 - Nº 7 | Julio 2008  

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Entendiendo la inseguridad de la información

Por Jeimy Cano

Ingeniero de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes - Colombia


PARTE I DE II


La inseguridad informática es la característica propia de los sistemas de información actuales. Pareciera que mientras más nos esforzamos en controlar y avanzar en el entendimiento de la inseguridad, nuevas y más desafiantes vulnerabilidades aparecen.

En este contexto, donde siempre estamos “un paso atrás” de las vulnerabilidades, establecer un esquema de gestión de seguridad de la información, se transforma en una búsqueda de patrones y posibilidades para reconocer la dinámica de la inseguridad informática, lo que nos permite alcanzar mayores niveles de confiabilidad, no de seguridad.

Cuando hablamos de gestión de la inseguridad informática, debemos no solamente considerar los aspectos técnicos, conocidos por los especialistas en seguridad de la información, sino conjugar la dinámica de la industria de la seguridad, la renovación constante de las vulnerabilidades del software y la psicología del individuo. En razón a lo anterior, se sugiere que dicha gestión debe ser esa iniciativa para descubrir y comprender algunas de las relaciones que se materializan al evidenciarse una falla de seguridad.

La industria de la seguridad de la información
Revisando el segundo capítulo titulado The security industry, del libro de Shostack y Stewart publicado por Addison Wesley en 2008, denominado The New School of Information Security, se presenta de manera clara y abierta la forma como la industria se da a la tarea de vender la distinción de seguridad de la información, tanto en el tema de productos y servicios, así como en buenas prácticas, listas de chequeo y estándares. Dicen los autores que la industria se apalanca en las siguientes estrategias para “vender” la distinción de seguridad de la información:

Uso del miedo e incertidumbre para crear la sensación de que estamos en el filo del abismo. Esta estrategia busca generar inquietud en las organizaciones frente al tema de seguridad de la información para que vean en los productos y servicios una salida encaminada a alejarse del abismo que se les ha presentado. Si bien el miedo y la incertidumbre son propios de la inseguridad de la información, también es cierto que una adecuada administración de riesgos y una cultura de seguridad organizacional nos permiten mitigar y manejar la exposición natural a las vulnerabilidades propias de la tecnología.

Productos de seguridad de la información que son expuestos a los intrusos para que intenten quebrarlos y cuando no lo hacen, se proclaman “imposibles de hackear”. Esta manera de vender los productos exige al fabricante ofrecer un producto de alta calidad, pero generalmente las cantidades ofrecidas por violar el sistema o comprometerlo, no son lo suficientemente motivadoras para los “reales atacantes”, por lo cual esta estrategia no siempre es muy confiable. Someterse al escrutinio de terceros es una buena estrategia, pero requiere un alto nivel de participación y calidad de los evaluadores del producto.

Productos y servicios que son utilizados por una compañía específica o una entidad del gobierno, lo cual le ofrece al proveedor una visibilidad en el mercado. Esta forma de mercadear la seguridad de la información es muchas veces el resultado de procesos internos de las organizaciones que generalmente son desconocidos para los terceros. Es probable que acuerdos de licenciamiento, alianzas estratégicas o poca variedad de productos sean la razón por la cual se ha adquirido el producto. Para contar con esta referencia de confiabilidad y uso del producto, lo mejor es contactar directamente a la organización para conocer en detalle el tema de contratación y uso de la misma.

Los servicios y productos son sometidos a evaluación en revistas populares de la industria, las cuales emiten conceptos sobre los mismos. Aparecer como uno de los productos evaluados en una revista reconocida en la industria de la seguridad de la       información es en sí misma una manera de mercadear el producto. No interesa el resultado mismo de la evaluación, el sólo hecho de haber sido seleccionado como uno de los productos que se reconocen en el mercado, ya lo hace acreedor de un prestigio importante y ha logrado el objetivo de ser considerado como una de las opciones válidas por los futuros clientes.

Se establecen y recomiendan por parte de los proveedores y organizaciones internacionales lista de chequeo, certificaciones de negocio y modelos de control que procuran salvaguardar a las organizaciones de los más importantes peligros en temas de seguridad de la información. Esta estrategia, basada en la orientación de la academia, acude a nuestro lado educacional y formativo, para sugerirnos que los estudios realizados por estas empresas nos permiten ver situaciones que van más allá de las prácticas actuales y que están alineadas con las tendencias internacionales, gracias a sus amplios esfuerzos y experiencia basada en sus trabajos con sus clientes. Muchas veces los resultados de estos estudios internos que adelantan estas organizaciones, muestran apartes de la realidad y tendencias que deben ser consideradas dentro de la dinámica de las organizaciones, pero no tomadas como estudios formales, basados en consideraciones estadísticas exigentes, datos confiables o similares.

Los productos y servicios se encuentran alineados con las “buenas prácticas”, las cuales representan lo que la industria y la práctica sugieren que es lo más adecuado. Comenta el autor que las “buenas prácticas” generalmente no toman en consideración las diferencias entre compañías, o más generalmente, entre industrias. Las “buenas prácticas” son esos discursos conceptuales que procuran establecer la dinámica propia de las organizaciones frente a sus necesidades particulares y no necesariamente son extrapolables a otras. Las “buenas prácticas”, pueden ser buenas para unas organizaciones y no tan buenas para otras.

En conclusión, podemos comentar que las diferentes formas de vender la distinción de seguridad deben pasar por un filtro de evaluación de necesidades propias de la organización, la comprensión clara de la dinámica del negocio y las limitaciones propias de los productos, pues sólo así podemos advertir cómo la inseguridad de la información podrá sorprendernos, no para dejarnos “mal parados”, sino para continuar aprendiendo que sólo mientras más la conocemos podemos avanzar en sistemas más confiables.

En este contexto la gestión de la seguridad debe seguirle la pista a la dinámica de la industria de la seguridad para avanzar en la comprensión de la realidad de los proveedores y sus tendencias, para ir afinando el olfato técnico hacia las soluciones más apropiadas para las organizaciones y su perfil de inseguridad de la información.

Inseguridad en las aplicaciones
De otra parte, revisando el libro de David Rice, denominado Geekonomics. The real cost of insecure software, nos encontramos con una serie de reflexiones del autor que nos muestran una realidad contundente sobre el costo de la inseguridad en el software y en las aplicaciones, y cómo los ataques a estos elementos son parte de la problemática desarrollada por el autor.

Revisando el capítulo tres titulado: The power of weaknesses: Broken Windows and National Security, nos encontramos con una pregunta interesante y cinco sugerencias que tratan de responder a dicho interrogante. La pregunta es: ¿Qué factores contribuyen a un crecimiento explosivo y exponencial de los ataques? Para ello, desarrolla cinco ideas al respecto, que trataremos de comentar brevemente, tanto en la posición del autor como en la práctica general de la seguridad informática.

Factor No.1. La velocidad es bendición y ruina. Según el autor, incrementar la velocidad en la cual la gente y los negocios pueden tener las cosas, facilita de manera rápida y eficiente los métodos para cometer delitos o crímenes conocidos como fraudes o robos, ahora de una nueva forma. Esta afirmación es interesante y refuerza una vez más que las inversiones en seguridad informática son inversamente proporcionales a los datos. Es decir, mientras más volátil es la tecnología, en cuanto a sus nuevas funcionalidades y rápida obsolescencia, más eficiente se vuelve el intruso para materializar sus acciones y comprometer los datos. El no conocer el desarrollo tecnológico y estar sometido a la curva de aprendizaje para dominarlo, son factores claves para avanzar en el reconocimiento de la inseguridad tanto en las aplicaciones como en los servicios que ofrecen las organizaciones a sus clientes.

Factor No.2. Si el software hace más fácil y rápida la materialización de los delitos informáticos, la cantidad de dinero que se podría ganar en un mes, ahora sólo toma unos segundos. Rice comenta que ahora nos enfrentamos al factor segundo, un simple incentivo financiero: ganar más dinero con menos esfuerzo. Es decir, la magnitud de las ganancias ilícitas, se están incrementando; existen  cantidades enormes de dinero en forma electrónica que son susceptibles de fallas y asaltos que aún estamos por descubrir. Esta reflexión es desafiante y exigente al tiempo, si ahora los intrusos “saben” que requieren menos tiempo para tener dinero, pues la tecnología es su aliada; la pregunta es ¿qué estamos haciendo nosotros para hacerles la vida más difícil? Será que como a nosotros no nos ha pasado, ¿eso no ocurre?

Factor No.3. Otro factor que contribuye al explosivo crecimiento de los ataques es el volumen de vulnerabilidades reportadas en el software. El autor afirma que estas vulnerabilidades ofrecen a los atacantes un sinfín de formas para explotar y vulnerar los sistemas de todos los tipos y sabores, desde aplicaciones corporativas como Oracle y PeopleSoft (ahora parte de Oracle), hasta computadores de uso en casa como Apple OS X y Windows. En este punto el autor dice que con este escenario, es difícil imaginar por qué no existen más personas involucradas con el cibercrimen. Este factor no sólo requiere un reclamo a los proveedores del software y sus estrategias de aseguramiento de calidad de software, sino a nosotros los usuarios que “no reportamos” los eventos que puedan ser extraños o fuera del funcionamiento normal. Los atacantes se valen de nuestra “ignorancia” para avanzar y generar la incertidumbre requerida para que sus acciones pasen desapercibidas.

Factor No.4. Las soluciones de seguridad para proteger el software de ciberataques son sustancialmente más complejas de configurar correctamente o requieren una importante cuota de “cuidado y alimentación” para asegurar su eficiencia. El autor sugiere que la configuración y afinamiento permanente de los mecanismos de seguridad –particularmente habla de los firewalls-, exige una complejidad propia del mismo y conocimiento de las interacciones para mantenerlo funcionando adecuadamente. Esta afirmación de Rice, apunta precisamente al esfuerzo continuado que requiere la seguridad, a la constante evolución de las infraestructuras y a las maneras como los atacantes desafían las nuevas propuestas de seguridad y control. La inseguridad de la información es dinámica y parte de nuestra labor es tratar de seguir el rastro y por qué no, encontrarnos con ella para entenderla y desafiarla.

Factor No.5. El quinto factor es la falta de coordinación transnacional de los agentes gubernamentales para tratar el tema del delito informático. Rice argumenta que a menos que dos naciones compartan normas o acuerdos sobre control, persecución y judicialización de los temas de crímenes informáticos, los atacantes seguirán manteniendo su estatus de “intocables”, lo cual no envía un buen mensaje a los ciudadanos de los países. Esta connotación del autor, marca un punto importante en el tema de los ataques en Internet y las implicaciones jurídicas del asunto. Por un lado, los abogados y juristas deben avanzar en la era del Electronic Compliance, lo cual implica comprender los riesgos derivados del cruce entre tecnologías, leyes y mercados, como una manera de profundizar en las normas y estrategias para comprender el delito informático y las relaciones entre el mundo offline (mundo real) y el mundo online (virtual) y, por otro, los técnicos y especialistas en seguridad informática (o sencillamente apasionados por el tema) deben avanzar no sólo en la identificación de las vulnerabilidades y sus posibilidades, sino en la comprensión y entendimiento de la inseguridad como esa propiedad inherente a los objetos y que requiere una mente que “piense en el margen”, “sin restricciones” y de manera creativa.

Estos cinco factores si bien no son los únicos para analizar la pregunta formulada por Rice, sí establece un referente base de análisis no técnico, que permite a ilustrados tecnológicos y a personas corrientes, visualizar un aspecto de una realidad emergente que poco a poco nos toca y que, cuando queramos entender, no sea demasiado tarde, pues ya la realidad supera a lo que hoy llamamos historias de ciencia ficción.

Jeimy J. Cano, Ph.D. Ingeniero de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes, graduado del Magíster en Ingeniería de Sistemas y Computación de la misma universidad y Doctor en Filosofía de la Administración de Empresas de Newport University, California en los Estados Unidos. Diplomado en el Sistema Penal Acusatorio y los profesionales de la seguridad por la Universidad Militar Nueva Granada. Se ha desempeñado como profesor de cátedra en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes en el área de la seguridad informática y la computación forense, así como de la Facultad de Derecho de la misma universidad, donde hace parte del GECTI – Grupo de Estudios en Comercio Electrónico, Telecomunicaciones e Informática. Es actualmente miembro de la Red Iberoamericana de Criptología y Seguridad de la Información – CriptoRED (http: // www.criptored.upm.es) y Miembro Senior del IEEE.

 





   
 

 






 
 
 
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